En el mundo de los negocios, solemos celebrar las gráficas que siempre suben y las historias de éxito lineal. Sin embargo, la verdadera maestría empresarial no se demuestra cuando el viento está a favor, sino cuando la estantería se cae y te quedas con “capital negativo”.
Recientemente, tuvimos la oportunidad de conversar con Carlos Mejía, una figura legendaria en los medios de comunicación en Colombia. Su historia no es solo la de un hombre que construyó imperios, sino la de alguien que aprendió que, en este juego, hay que ser tan bueno para ganar plata como para saber perderla y levantarse de nuevo.
El salto al vacío: De la comodidad a la incertidumbre
Corre el año 1985. Carlos Mejía tiene uno de esos puestos que cualquiera envidiaría: es vicepresidente comercial en Caracol Radio. Su sueldo, ajustado a hoy, rondaría los 40 millones de pesos mensuales. Estabilidad, prestigio y futuro asegurado. Pero algo en su “vena” de independiente lo mortificó.
Sin una red de seguridad, decidió renunciar. Sus amigos y colegas lo llamaron loco. ¿Cómo se le ocurre a alguien enfrentarse a los gigantes de la radio desde la independencia?
“Yo tenía un puesto muy importante, pero decidí irme. Me decían mucho que estaba loco, pero es algo que uno lleva en la vena: la necesidad de ser independiente”.
Sus primeros meses fueron un choque brutal con la realidad. Su idea inicial de armar una red de emisoras fracasó en solo 30 días. Pero ahí apareció la primera gran lección: la flexibilidad. En lugar de rendirse, cambió el modelo y Carlos Mejía empezó a comercializar televisión, logrando éxitos con el Noticiero Nacional y marcas icónicas como Coestrellas.
El era del León: Cuando el rating lo era todo
Durante los años 90, Carlos Mejía estuvo en la cima. Manejaba la comercialización del Canal A en una época donde la televisión facturaba 20 veces más que la radio. Eran los años del icónico León que corría hacia la pantalla.
Pero el negocio de los medios tiene una crueldad intrínseca: es el más volátil del mundo. Si una novela marcaba 30 puntos de rating el primer día, eras millonario; si marcaba 8, estabas quebrado. Carlos vivió esa adrenalina hasta que llegó el huracán de 1999.
El costo humano de la crisis
La privatización de la televisión y la crisis económica del 99 crearon la tormenta perfecta. Las pérdidas eran de magnitudes que hoy parecen irreales: 200 millones de pesos diarios.
En menos de un año, el grupo de Carlos Mejía pasó de tener 1,000 empleados a solo 250. Para un empresario que construye sus equipos basados en la amistad y la lealtad, este fue el momento más oscuro.
“Es demasiado doloroso sacar a los amigos, sacar a la gente que trabajó con uno desde cero. Uno va asumiendo el golpe y se recupera, pero ese impacto humano es lo que más te marca”.
A los 48 años, Carlos Mejía se encontró con una deuda gigantesca, sin ahorros y sin posibilidad de ser empleado. Fue ahí donde el “perrenque” —esa mezcla de terquedad y valentía tan colombiana— entró en juego.
La reinvención: Zapatero a tus zapatos
La recuperación no vino de intentar repetir la fórmula de la televisión, sino de diversificar con inteligencia. Así nacieron y crecieron Efectimedios (publicidad exterior) e Inmov (marketing experiencial), empresas que hoy lideran sus respectivos sectores bajo la visión de Mejía.
La lección de esta etapa fue la humildad estratégica: “Ahora trato de limitar los errores. Ya soy consciente de que no me debo meter en negocios que no conozco”. Carlos entendió que su fortaleza no estaba en la ejecución operativa (la cual admite que es un desastre), sino en la estrategia, el networking y la capacidad de conectar personas.
Sabiduría para la nueva generación: Networking y empatía
Hoy, con el grupo nuevamente en la cima y generando empleo para más de mil personas, Carlos Mejía reflexiona sobre lo que realmente importa en el marketing y los negocios:
El valor del Networking: “De los odios no queda nada”. Mantener las puertas abiertas, incluso con aquellos con los que tuviste conflictos, es el activo más grande de un empresario.
Conocer el negocio del cliente: El marketing no puede ser solo “anuncios bonitos”. Si trabajas para una constructora, debes entender cómo funciona el negocio de la construcción. La profundidad en la relación cliente-agencia es lo que evita los errores costosos.
Gestión no controladora: Para triunfar en el cambio generacional, Carlos ha aprendido a dejar trabajar a los jóvenes, mantenerse informado y soltar el control excesivo.
La trayectoria de Carlos Mejía es un recordatorio de que ser empresario en Colombia es un destino de trabajo constante. No se trata de evitar la caída, porque la crisis llegará tarde o temprano. Se trata de tener la piel lo suficientemente dura para aguantar el golpe, la mente lo suficientemente clara para pivotar, y el corazón lo suficientemente íntegro para seguir valorando a las personas por encima de las cifras.
Como él mismo dice: “El destino de uno es trabajar, colaborar con la sociedad y generar empleo”. Y en ese proceso, si se pierde o se gana, lo importante es no perder nunca el perrenque.


